Skyrunning Els Bastions 2011

Antes de empezar a leer ésta laaaarga crónica, que ya hay que tener ganas, quería comentar que la escribí sólo un par de días después de la carrera, por lo que los sentimientos estaban muy presentes aún. Y eso es precisamente lo que quise plasmar, mis sentimientos en un Ultra, como la cabeza buscaba luchar para que pare y como otra parte de mi tiraba y tiraba hasta el final. Fueron unas semanas previas a la carrera cargadas de emociones intensas de todo tipo y estoy convencido que influyó mucho en mi estado de ánimo en Els Bastions. Si sois capases de leerlo hasta el final, sabréis por qué digo esto… Espero que os guste. 😉

– Trail Running, Ultra Trail Running, Skyrunning… Si traducimos al castellano, Trail sería “sendero, pista, recorrido, huella”, Run es “correr”, Sky es “cielo”. Ultra es cuando pasa de los 42 km. Trail Running es “correr por montaña”. Nuestros ancestros vienen haciéndolo toda la vida. Antes lo hacían para huir de los depredadores, ahora algunos lo hacemos como actividad deportiva. Entonces Ultra Trail Running vendría a ser una carrera de más de 42 km por caminos o senderos naturales, o lo que es lo mismo, por montaña. ¿ Y por qué en Skyrunning? , ¿Es que se corre por el cielo?. Casi, o por lo menos más cerca de lo normal. Se considera Skyrunning cuando la mayor parte de la carrera se hace en “alta montaña”, por encima de los 2.000 mt. de altitud sobre el nivel del mar…

Amo la montaña y llevaba tiempo rondando en mi mente unos pensamientos que no me los podía quitar de la cabeza: “¿Seré capaz de aguantar una Ultra Trail?”. “¿Cómo responderán mi cuerpo y mi mente si los llevo hasta la extenuación?”. Desde que me rondó el pensamiento sabía que no pararía hasta comprobarlo. Cabezota que es uno. En la página web de “Corredor de Montaña” vi que la Skyrunning Els Bastions se celebraba por primera vez en Ribes de Freser. 85 km., 13.240 mt. de Desnivel Acumulado y un 70% del recorrido por encima de los 2.000 mt. Dan tres puntos para la UTMB (Ultra Trail del Mont Blanc), eso quiere decir que va a ser muy dura… ¿Podré?. ¿Cómo saberlo?. ¡Apuntándose!.

Primera misión, convencer a María. Fue fácil, ¡y eso que la carrera es a 710 km. de nuestra casa!. Segunda misión, colocar a los niños. Gracias a mis cuñados también fue sencillo. ¡Os debo una! (unas cuantas), jejeje. A prepararlo todo!

Rápidamente llegó el viernes 23 de Septiembre de 2011, partimos a Ribes de Freser. Que rápidos pasan los kilómetros cuando vas bien acompañado. Una sola parada en el camino para hincharme a comer pasta, mañana necesitaré extra de carbohidratos y ya estábamos entrando en Ribes.

Al llegar al pueblo ya vimos las indicaciones para llegar al punto de salida donde recoger los dorsales. Soltamos las bolsas en el maravilloso hotel Els Caçador (con jacuzzi en la azotea y una “sala de la luna” espectacular) y a recoger el dorsal.

– “Dime tu nombre”, Raúl Sánchez Lara, -“Dorsal 52 puedes dejar una bolsa para Nuria (km. 35) con ropa de cambio o abrigo o lo que quieras llevar”, gracias, que buena idea. Breve charla de cómo será la prueba por parte de la organización y al hotel.

Risas con uno de los dueños del hotel en la “Sala de la Luna” y a cenar pasta. Después de haber comido pasta no era lo que más me apetecía, pero quería llevar llenas a tope las reservas de carbohidratos, que falta me iban a hacer. Como era de esperar no dormí nada. Entre que nos acostamos tarde y que el despertador estaba puesto a las 4 de la mañana… Salto de la cama, ducha rápida y a ponerse el disfraz de “Ironman”.

En apenas 45 minutos estábamos en la línea de salida, dejando la bolsa para Nuria, con Gore Tex, forro polar fino, zapatillas Salomon con Gore Tex XA PRO 3D Ultra por si llueve en cotas altas, calcetines, gorro fino, guantes finos, y otra camiseta.

Revisión de mochilas con el material obligatorio. -” Muéstrame el frontal, pilas de repuesto, cortavientos, teléfono móvil, forfait… Ok puedes pasar. ¡Id pasando todos a la línea de salida, faltan 4 minutos!”. Me quito el cortaviento a pesar del frío nocturno y me quedo en manga corta. Sé que nada más salir y en apenas 10 kilómetros he de subir 1089 mt de Desnivel positivo sin descanso. No creo que pase frío.

-” ¡Tres minutos!. Miro las piernas de mis contrincantes. ¡Joder que músculos!. Y yo con mis palillines, que sólo se distinguen de mis bastones porque llevan calcetines y zapatillas. Bueno, Kilian Jornet las tiene parecidas a las mías y lo gana todo. Fuera preocupación.

-“¡Dos minutos!”. Miro las caras de mis contrincantes. ¡Que serios!, se puede cortar la tensión con un cuchillo. He venido a pasarlo bien y parece que vamos a la guerra. En cierto modo es una batalla, pero yo no voy a luchar con ninguno de ellos, voy a luchar conmigo mismo, contra mis miedos, contra mi cuerpo, contra mi mente. Quiero demostrarme que soy capaz de conseguir todo lo que me proponga. Que cuando mi cuerpo diga “vale ya”  y el fantasma del “A” de Abandono haga su aparición, que lo hará, mi mente sea capaz de dominarlo y llevarme hasta el final. Finisher. Sólo busco eso. Finisher. Terminar antes de las 24 horas de plazo. Finisher. Que no se me olvide. Es mi meta. Es mi sueño en éste momento.

-“¡Un minuto!”. Busco a María. La tengo a mi izquierda, junto a la valla de protección. Me mira y me sonríe. -“¡Ánimo!”. Le devuelvo la sonrisa, la beso en los labios y me coloco el frontal. Me hago un hueco entre los 56 participantes debajo del arco de salida. Vuelvo a mirar a María. Ésta vez he visto preocupación en su mirada. Sonrío de nuevo para hacerle ver que he venido a disfrutar.

-“¡15 segundos!”. Ajusto las cintas de la mochila para que al correr no se mueva. Abro los bastones y me coloco uno en cada mano.

–“¡10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… meeeeck!”. Sonrío a María por última vez y siento como el estruendo de la bocina de salida me empuja calle abajo junto a mis 56 compañeros de ésta dulce locura. Al pasar corriendo junto a la plaza del Ayuntamiento de Rives de Freser (912 mt. altitud) pienso en que llevamos un ritmo que me parece cómodo. Mejor.  Había leído que últimamente en los Trail de Montaña se sale como si fueran los cien metros lisos. Hay que reservarse. Nos quedan 85 km. de distancia y muchísimas montañas que coronar en los casi 14.000 mt. de Desnivel.

Giramos a la derecha y enseguida salimos a un estrecho sendero que rápidamente se pone a subir sin descanso. Cojo mi ritmo habitual y adelanto a varias personas, lo que me hace pensar  “¿no estaré dando mucho desde el principio?”. Tranquilo Raúl. Pero no puedo. Puta competitividad. Miro hacia atrás. El grupo se va abriendo. Miro camino abajo y veo entre los árboles como las luces se mueven en la total oscuridad del bosque y oigo la respiración agitada de los que vienen detrás. Enseguida me viene a la mente la Leyenda de la Santa Comparsa. ¿Quizás fuera lo que vieron?, ¿una carrera de Skyrunning?. Sonrío a mis adentros y continúo subiendo sin descanso. Siento un picotazo en la mano izquierda. Una zarza, pienso. Pero al alumbrarme con el frontal encuentro una avispa enganchada en la correa del bastón y con su aguijón clavado en mi mano, retorciéndose. Manotazo al canto con la suerte de que sale con el aguijón y no me produce más que un leve picor.

Cuando me quiero dar cuenta ya he pasado Sant Antoni y estoy en Campelles sellando el Forfait. Miro el reloj. 40 minutos, 5 km y 433 mt. de desnivel positivo. Voy muy bien, pero falta tanto. Sigue siendo noche cerrada. Salgo del pueblo y enfilo la nueva subida con muchas ganas, hacia La Covil (2001 mt.) . De nuevo oscuro bosque y de nuevo La Santa Comparsa que me persigue.

En poco más de una hora llego a La Covil, con las primeras luces del alba. Giro mi cabeza para poder ver como amanece y mi boca se abre de par en par. ¡Joder!. Tengo que parar. Necesito grabar éste momento en mi cerebro para poder recurrir a él siempre que quiera.

Espectacular. Grandioso.

No voy a encontrar palabras para describirlo en toda su magnitud.

Las luces del alba asomaban por encima de las montañas con una luz violeta-anaranjada, mientras los pueblos por debajo de ellas estaban ocultos por un mar de nubes rosadas por la luz.

Por la loma por la que subíamos, las nubes intentaban pasar al otro lado del valle deslizándose colina abajo, suavemente, como si tuvieran esquís. Desde ése momento supe que, llegase o no a finalizarlo, había merecido la pena venir. Ya me daba igual terminar o no. Ya había encontrado lo que venía a buscar. Quería algo único. Que muy pocos experimentasen. ¡Y era tan sencillo!. Madrugar y subir a La Covil antes de que amanezca…

No. Tengo que acabar la carrera antes de 24 horas. A eso he venido. Tengo que aumentar ésta tremenda sensación de plenitud que tengo ahora completando la carrera. Si esto me ha emocionado y estamos en el kilómetro 10, ¿cuantas emociones me quedan por delante?. Continúo. Vamos que si continúo. Me encuentro muy bien. Con unas leves subidas y bajadas pasamos Pla de Pujalts (2.053 mt.) y Emperadora (1.961 mt.) donde sello el forfait y aprovecho la parada para guardar el frontal en la mochila. Me dicen que si conozco el recorrido. No, nada. –“Ves aquella montaña tan alta de allí, a lo lejos”. Sí. – “Pues tienes que bajar hasta Nuria para subirla y crestear durante casi 15 km.” ¡Joder, no me digas eso, prefiero desconocer el recorrido, así no me acojona lo que me queda!, ¡que vosotros tenéis que animar, no deprimir, jajaja!. Bromeo unos segundos más con los voluntarios que tienen preparados unos bocadillos enormes y hago como que me los llevo. Al enterarse que vengo de Madrid me dicen que lo comparten si soy del Atleti, jajaja.

Ahora nos espera una disfrutona y herbosa bajada  de 825 mt. en siete kilómetros pasando Nevà hasta Planoles, entre nubes de niebla. Bonito pueblo, todo cuesta arriba. A Planoles (km. 20, 1.136 mt.) llego solo. Parece que la distancia nos va colocando a cada uno en nuestro lugar. Para sellar el forfait, como no, al final de una enorme cuesta. Pregunto cuanto hace que pasó el primero y me dice que sólo hace 55 minutos. En 20 km. Que mala bestia. Voy el 25. Subidón de ánimos. ¿Yo el 25?. Cambio de planes. Si soy el 25 y nadie me pisa los talones  ya no voy a intentar llegar antes de 24 horas. Ahora quiero mantener mi puesto 25. Mierda de competitividad. Le mando un mensaje a María informándola de mi posición. Me felicita y da ánimos. Al tener cobertura recibo una infinidad de mensajes de ánimo de mis amigos que me dan mucha fuerza extra. Me emociona. Gracias.

Abandono Planoles y otra vez a subir sin descanso pasando por Collet de les Barraques (1.910 mt.), donde de nuevo sello el Forfait y coincido con un chico con el que iré unas veces delante, unas veces detrás, hasta Nuria. Una pequeña y técnica bajada me sitúa en Font de L´home Mort (1.850 mt.).

En cuanto me ven aparecer, los voluntarios comienzan a gritar animándome, lo cual es muy de agradecer, los 25 kilómetros que llevo ya empiezan a hacerse notar. Paro y en el avituallamiento repongo energías comiendo plátano y galletitas saladas que me saben a gloria. También hay un corredor sentado que ha decidido retirarse aquí. Lástima. Decido continuar al ver que viene algún corredor y como mi plan es ahora mantener el puesto… Salgo cuesta arriba a toda pastilla y enseguida adelanto a otro par de corredores. Bien. Sigo fuerte. ¿Hasta cuándo?. ¿Me estaré pasando?. No llevo ni la mitad de la carrera… No puedo quitarme ese pensamiento, pero me veo bien, no puedo aflojar. Nuevos gritos de ánimo al llegar a Fontalba (km. 30, 2.074 mt.) a sellar el Forfait. Gracias de nuevo.

Por una pista Forestal comienza una bajada que hacemos a la carrera pero que se acaba pronto para coger un sendero de sube y baja que nos llevará hasta Núria.

Poco antes de llegar empiezan las primeras gotas. Miro las montañas. Buff, pinta mal. No se ven. A escasos 2 kilómetros comienza a llover sin parar, con toda la fuerza que lo hace en alta montaña. Decido no parar a ponerme el cortaviento. Total, ya llego a Núria (km. 35, 1.964 mt.) y tengo ropa de cambio seca.

Una última bajada donde un voluntario sonriente  bajo la lluvia nos ayuda a sellar el Forfait y nos indica a que parte del edificio debemos dirigirnos al avituallamiento y recoger la bolsa de cambio.

Corro por la pradera sintiéndome como Laura Ingalls en  “La casa de la pradera”, pero en vez de bajo el sol, bajo una lluvia copiosa. Levanto la vista porque entre el ruido de las gotas golpeando mi cuerpo y el suelo, me ha parecido oír mi nombre. No puede ser. ¡María!. Sí, ha subido hasta allí a animarme.

No sé si por el cansancio que ya hace mella en mí, o por los sentimientos vividos hasta el momento, o por estar realizando mi primera Ultra. El caso es que me emocioné. Menos mal que era cuando más llovía y las lágrimas se disimulaban con las gotas de lluvia.

Entramos al edificio y antes de coger más frío pido mi bolsa para cambiarme y me tomo dos caldos Aneto del tirón. ¡Joder que buenos!. Repito una vez más y en lo que me cambio y María me sirve de ayudante, mientras charlamos y le cuento lo vivido, me zampo medio plato de pasta. Otra vez pasta. Engullo medio plátano  y decido ponerme un forrito polar fino largo, el Gore Tex y el gorro fino negro de Nike que me suelo poner en invierno para correr. ¿Los guantes?, no, llueve mucho, mojados no me servirán de nada. Me despido de María dándole un fuerte beso e intentando expresarle la emoción que me ha hecho verla allí. ¡Energía extra para los 50 km. que me quedan!, que prometen ser los más duros por altitud y climatología.

En la puerta, antes de salir, charlo unos instantes con un hombre de la organización. Me dice que el servicio meteorológico ha dicho que no durará mucho. Le doy las gracias por los ánimos y salgo a toda leche hacia el Puigmal, que digo yo que estará ahí arriba, porque no se ve absolutamente nada entre la lluvia y la niebla. Me cruzo con algunas personas que bajan a refugiarse y todos me animan a continuar.

Mientras subo sin detenerme me vuelve al pensamiento la imagen de María esperándome bajo la lluvia y me vuelvo a emocionar. Ahora estoy solo, aunque la lluvia ayuda a disimular, da lo mismo. Mira que somos atontados los hombres para mostrar en público nuestros sentimientos. Decido que tengo otro motivo más para acabar la prueba. Se lo debo a María. Me ha animado desde el primer momento que ésta locura rondó por mi cabeza. Sí. Voy a terminar. Aunque llegue a rastras. Y además mantendré mi puesto 25, o lo voy a intentar.

Con éstos pensamientos llego al Puigmal (km. 40, 2.910 mt.) bajo un fuerte frío, granizo y lluvia que parece que cede un poco. Los dos voluntarios que hay arriba, con las malas condiciones climáticas, aún tienen ganas de gritar ánimos al verme llegar y me preguntan a gritos que qué tal voy. ¡Muerto!. –“ ¡Pues subes muy rápido para estar muerto!”. ¡Seré un zombi!. –“Por aquí no pasan de esos, por aquí lo único que pasan son Yetis y colgaos de esos que corren 85 km con éste tiempo y en zapatillas!”. Jajaja. No soy capaz de sacar el Forfait de la mochila, tengo las manos congeladas. Se me han quedado agarrotadas con la forma del asa del bastón. Por lo menos podré cogérmela bien para mear, les digo. Nos reímos un rato mientras me sellan el Forfait en el número 8. Vuelvo a darme cuenta de todo lo que me queda. ¡Me quedan por sellar la mitad!.

Espero a otros dos corredores que llegan al Puigmal y partimos juntos. Nos presentamos. Son Tony y Pedro, ambos catalanes. Muy simpáticos vamos charlando y nos vamos turnando por los continuos sube y baja que tiene la cresta en ésta parte del recorrido.

Las nubes se van dispersando y nos dejan una visión preciosa del resto de los picos entre nubes y claros. Mires donde mires las vistas son maravillosas.

El paisaje en ésta altitud es extraterrestre. Piedras rojizas por todos los lados y ni una sola planta. Da la sensación de estar corriendo por el planeta Marte.

Las piernas empiezan a chillar mi nombre con fuerza y la verdad es que hace unos kilómetros que las oigo, pero me he hecho el sordo. Está bien, las digo, prometo apoyar más mi peso en los bastones para descargaros un poco. Intentando esto en una bajada se me queda el bastón enganchado entre dos rocas y la cinta me da un tirón fuerte en la muñeca y me hace una leve contractura. Lo suficiente para no poder coger el bastón en su posición normal. Me doy cuenta que si pongo la mano arriba, como un bastón de abuelete, no me duele. Modifico la altura del palo para la nueva sujeción mientras subimos. Otro problema resuelto.

Pasamos el Pic de Finestrelles (km. 43, 2.828 mt) y a buen ritmo llegamos a Noufonts (km. 45, 2.861 mt.) donde tras otro gran recibimiento por parte de la organización, a pesar del tremendo mal tiempo, sellamos y picamos algo. Sigo optando por las galletitas saladas. Que buenas. Me enchufo un gel que llevaba en la mochila y mordisqueo una barrita energética que no logro tragar de lo dura que se ha puesto con el frío. Unos picos atrás se nos quedó Tony, por lo que ahora seguimos juntos Pedro y yo. Miramos a lo lejos y le vemos que continúa. Ya más tranquilos decidimos seguir.

Pregunto a la organización si sigo en el 25 y me dicen que voy en el 16. ¿Qué?. No puede ser. –“Se han retirado muchos. El frío y el cansancio han hecho mella”. Joder, otro subidón de ánimo. La montaña es lo que tiene, es imprevisible  y en una carrera de éste tipo el clima puede jugar o no a tu favor. A mí no me da miedo andar sólo en alta montaña con niebla, frío y lluvia, pero observé en Nuria que algunos se agrupaban para no ir solos en la niebla y otros, extenuados, dijeron que no continuaban. Pero eso son los que llevaba por detrás. Nueve de los que llevaba por delante abandonaron también. Unos por frío y otros por haberse esforzado demasiado al principio y eso, después de tantos kilómetros, se paga. El cuerpo responde a los sobreesfuerzos con calambres y dolores muy fuertes en las articulaciones y si no comes e hidratas bien llega un momento que la temida “pájara” se convierte en tu perdición y el fantasma del “A” aparece hasta que consigue llevarte.

Pedro me comenta que tiene hambre de verdad y entonces entro en la cuenta de que llevo dos medias noches de jamón serrano del bueno, aplastadas, en una bolsita. Le prometo que si llegamos juntos al siguiente avituallamiento lo compartimos. Seguimos con buen ritmo y aprovechando la confianza le pregunto a Pedro si esos palos de madera que lleva son sus  habituales. Se ríe, me cuenta que ha olvidado sus palos y que en la primera subida saliendo de noche de Ribes los alumbró con el frontal y que entonces vio a sus bastones. Yo veía La santa Comparsa y el sus bastones en dos palos de madera…

Entre carreras en las bajadas y lentas subidas pasamos el Pic de Noucreus (km. 47, 2.799 mt.), el Pic Fossa del Gegant (km. 48, 2.808 mt.), el Pic de Fresers (km. 50, 2.8235 mt.) y enfilamos al Bastiments (km. 53, 2.283 mt.). Allí nos tienen que sellar de nuevo el Forfait. A unos doscientos metros de la cumbre veo sujeto con piedras un papel plastificado del que no logro hacer entera la traducción del catalán al castellano. Le pido ayuda a Pedro. Pone: “has conseguido llegar hasta aquí y seguro que estás como una rosa”. Cincuenta metros más adelante otro papel plastificado en el que ponía “si estás como una rosa deberías chillarlo para que todos lo sepan”. Cincuenta metros más y otro que ponía “no hemos oído nada”. Jajaja. Entonces chillo:  ¡Estoy como una puta rosa! Y aparecen un chico y una chica, voluntarios de la prueba –“¡¡¡Bravooooo!!!, ¡UUUUhhhh!”.  Jajaja, de nuevo risas, sello del Forfait y nos dicen que el avituallamiento está cerca, después de una larga bajada hasta el Coll de la Marrana. Vamos Pedro, nos espera un mini-bocata de jamón serrano del bueno.

Comenzamos la bajada, mis piernas se resienten, pero pienso, si las mías se resienten las de los que van detrás se resentirán más, sino irían delante de mí, ¿no?.  La bajada se hace interminable. El “el avituallamiento está aquí al lado” se nos hace eterno. Pedro comienza a quedarse atrás poco a poco e imagino lo peor. Decido tirar hasta el Coll de la Marrana y esperarle allí mientras pico algo. Como no, para llegar al avituallamiento hay que subir. En cuanto me ven a lo lejos se ponen a decir ánimos a voz en grito y de nuevo al llegar les doy las gracias por el recibimiento. Ésta carrera no sería posible sin el esfuerzo de los voluntarios que nos portean comida y bebida a sus espaldas hasta éstos puntos estratégicos. Y encima de pasar frío esperando, nos reciben así… Grande, muy grande. Converso con ellos haciendo tiempo y riendo todo el rato, no aparto la mirada del camino, esperando a Pedro que no llega. Veo a lo lejos que alguien se acerca, pero ¿Pedro no iba de blanco? Éste es rojo…  No, no es Pedro, le han adelantado. Lo veo aparecer detrás, a unos 20 metros del otro corredor. Va muy lento. Va tocado. Cuando llega me dice que no puede más, que abandona. Joder, otra vez el fantasma del “A” se lleva a otro. ¿Cuándo me va a visitar a mí?, ¿Seré capaz de vencerlo si aparece?.

Le paso la media-luna de jamón del bueno y la devora en un momento entre varios “Mmmmm”. Los de la organización empiezan con las bromas de que si no me fiaba de que iban a traer comida suficiente, jajaja. Les digo que si el año que viene me traen jamón del bueno prometo no echar mini-bocatas en la mochila. Me como varias tostadas de dulce de membrillo y relleno de Aquarius el CamelBack, que según los voluntarios es obligatorio aligerarles a ellos de peso, comiendo y bebiendo todo lo que podamos, jajaja. Les hago caso y me llevo galletitas saladas para el camino. Miro el reloj. Llevo ya 12 horas y 38 minutos de carrera y al ponerme de pie me doy cuenta del verdadero estado en el que me encuentro. Me da igual. Podéis chillar lo que queráis, les digo mentalmente a mis piernas, no os voy a escuchar. Pero haré todo lo posible por quitaros peso apoyándome en los bastones, aunque con la muñeca así… no prometo nada. Me despido de Pedro y saludo a Tony que acaba de llegar y me dice que le dio una pájara pero que consiguió reponerse en el avituallamiento de Noucreus. Está claro, es tan importante comer como beber. Son muchos kilómetros, muchos esfuerzos al máximo y nuestro cuerpo necesita que entre algo más que aire.

Salgo hacia abajo, ¡aún me queda coronar dos picos más!. Voy mentalizado a acabar en ésta posición. A unos 500 mt. miro hacia atrás y veo que ya se han puesto en marcha los corredores que llegaron mientras esperaba a Pedro. Me va tocar correr. Si quiero mantener mi puesto 16 me va a tocar correr. Pero mi cuerpo dice que de que voy. Aun así mi mente es más fuerte y ante la orden de “Vamos ostia” mis piernas empiezan a moverse más rápido, intentando no levantar mucho los pies del suelo para no sobrecargarlas. Como si no lo estuvieran ya, ja. Éste trote debe de darme la suficiente ventaja como para que no me cojan en las subidas. Otro llano, sigo trotando. Nueva bajada, troto.

Así llego hasta el inicio de la subida al Balandrau, donde entre una espesa niebla comienzo a oír voces que bajan. Ya está, el Fantasma del “A” que viene por mí. Me saludan. Son una pareja de cincuentones  que bajan del collado y se sorprenden al verme solo, entre la niebla y subiendo a estas horas, donde está claro que se me va a hacer de noche. Me preguntan que de dónde vengo, les cuento el recorrido que llevo y lo que me falta por hacer y no se terminan de creer, hasta que les enseño el dorsal, y les explico que estoy en una carrera de 85 km. y casi 14.000 mt. de desnivel. –“Estás loco chaval”. Sí, yo y otros cincuenta y cinco, les respondo entre risas. Los veo desaparecer entre la niebla y continúo mi ascensión en solitario, sumido en mis pensamientos. ¿Terminarán cogiéndome?, ¿lograré terminar teniendo en cuenta que estoy reventado y aún me quedan 26 kilómetros y subir dos montañas de más de 2.000 mt.?. ¿Lograré vencer al fantasma del “A”?. Si, por supuesto que lo lograré. Puede que me pasen, pero no voy a retirarme ahora, no después de todo éste sufrimiento. Se lo debo a María. Me lo debo a Mí. Cojo una gominola Powerbar cafeinada de Coca-Cola exquisita y saboreándola salgo de la niebla y veo el último tramo de la subida. Joooder, preferiría que se hubiese quedado cerrado de niebla.

Desde aquí se ve una pared que parece que hasta voy a necesitar las manos para subirla. Al final no fue así pero por poco. Con las últimas luces llego a la cumbre del Balandrau (km.60, 2.585mt) y allí me encuentro con otros dos arrecidos voluntarios que me animan. Les digo que su esfuerzo es espectacular, que estar ahí parado durante horas con el frío que hace, esperándonos, es muy de agradecer. Me sellan el Forfait y antes de quedarme frío parto hacia el Puig Cerverís, a cinco kilómetros, otro pequeño pico de camino a Pardines en el que he de sellar de nuevo el Forfait. Me coloco y enciendo de nuevo el frontal, demasiada poca luz para bajar ya. Otra vez noche en la montaña y totalmente solo.

Mi cuerpo y mi cerebro no paran de funcionar a todo trapo, buscando ánimos y sacando fuerzas de flaquezas. Tiene pinta que los próximos 25 km que me quedan para finalizar van a ser así, en soledad. En negra y oscura soledad. Mi cuerpo y mi mente contra el cansancio, la soledad, la oscuridad, el frío y los extraños ruidos de la noche en la montaña. Me encanta. Siempre me ha gustado esa sensación de “miedo controlado”. Llevar los sentidos alerta. Es impresionante lo que cambia la misma ruta realizándola de día o de noche. De noche, en soledad, los sentidos se agudizan. Tus ojos y tus oídos se acostumbran a la falta de luz y al silencio y empiezas a identificar las sombras y los sonidos descubriendo lo que son y no lo que tu cerebro y tus miedos ven por ti. Naturaleza. Vida. Te sientes en simbiosis con la montaña. Formas parte de ella. Ya no eres un extraño aquí. Eres Naturaleza. Eres vida.

Y entre pensamientos y niebla espesa, húmeda y fría, llego al Puig Cerverís (km. 65, 2.208 mt) en apenas 35 minutos. Y en total soledad sello el forfait y continúo el camino. Pensaba que aquí había otro avituallamiento… Entonces se abre la niebla y entre la oscuridad y a lo lejos, muy lejos, distingo una luces en la montaña. Parece que no se mueven. ¿Será el avituallamiento o algún corredor?.

El sendero se convierte en pista y obligo a mis piernas a trotar un poco más. No paran de chillar. Las intento animar diciéndolas que falta poco, que mañana nos reiremos de éste sufrimiento. Como ya nos hemos reído de otros sufrimientos en montaña. Como aquella vez en Pirineos, escalando La Cresta del Diablo, donde sin escapatoria posible estuvimos metidos literalmente dentro de una tormenta y sentimos como se nos erizaban todos los pelos del cuerpo por la energía estática y como los rayos golpeaban la cresta a nuestro alrededor. En ése momento también dije lo mismo: ”Mañana nos reiremos de esto”. Y ahora nos reímos al recordarlo…

Las luces desaparecen detrás de una loma. ¿Sería una casa de pastores?. Al girar la loma y trotar por una bajada herbosa de un prado empiezo a acercarme a las luces poco a poco. Sin ver aún si es una casa o un avituallamiento oigo: -“ ¡¡Vamos Raúl!!, ¡¡Ánimooo!!”. No puede ser. Tanta soledad y agotamiento me está trastornando la realidad. Afino el oído. -“¡¡ERRE, A…, Ú…, ELE…!!, ¡¡Raaaaúuul!!!, ¡¡Venga Raúl!!, ¡¡Ánimo Raúl!!, ¡¡Uuuuuuhhhh!!, ¡¡Vamooooooos Raúl!!, ¡¡Uuuuuuhh!!!”. No hay duda, ¡gritan mi nombre!. ¡Me animan a mí!. Oigo incluso voces de ánimo de niños y pienso en mis hijos, en mis sobrinos. Después de tantas horas de carrera, noche, en soledad, oír mi nombre me emociona. No puedo remediar que me venga a la mente la imagen de María esperándome en Nuria, aguantando la lluvia. Empiezo a llorar de emoción. Ahora no llueve. Ya estoy llegando al trote a las luces y empiezo a distinguir muchas personas, un todoterreno que con sus luces ilumina un toldo. Sí, un avituallamiento . ¡No llueve!. No puedo entrar llorando. Entonces pienso en la imagen que les daría verme entrar, corriendo, después de 68 kilómetros de carrera y más de quince horas sin parar, llorando. Y empiezo a reír. Río sin parar.

Los niños se agrupan con sus frontales junto a algunos adultos y sin parar de animarme diciendo mi nombre me hacen un pasillo y una ola según paso entre ellos. –“¡¡Bravo Raúl!!, ¡¡¡UUUUUUHHHH!!!”. Tengo ganas de abrazarles a todos y darles las gracias por tan maravilloso recibimiento. Intento expresarles mis agradecimientos y la ilusión que me ha hecho que me animasen desde tan lejos gritando mi nombre. Les digo: “Muchísimas gracias por lo que estáis haciendo, jamás me han recibido así…, ni mis padres…, ni mi mujer…, ni mis hijos…, ni mi perro!!”. Se ríen. Me río. Les digo que ellos son los grandes protagonistas de ésta carrera, que sin ellos, sin sus ánimos, sin su esfuerzo de estar horas así, con éste frío, noche y día, en medio de la montaña… sin ellos, esto no tendría sentido. –“ Pues si te ha gustado tanto el recibimiento, el año que viene pediremos que nos pongan en meta para recibiros a todos así”. Me confirman como imaginaba que mi nombre se lo chivaron los chicos del Balandrau vía Walkie. Noto como los niños me miran con devoción de arriba abajo. Me gustaría saber lo que pasa por sus cabecitas: “¿Y éste colgao?, ¿con el frío que hace y mallas cortas?, ¿corriendo de noche y en total soledad  por las montañas?”. Como algo de plátano y membrillo mientras charlamos de lo que me queda y me indican una montaña a lo lejos, recortada en el maravilloso firmamento estrellado que se ve al no haber contaminación lumínica.

–“¿Ves esa montaña de allí?”. Si, como para no verla, es la más alta. –“Es el Taga, a veces verás una luz arriba, ¡mira, mira ahora se ve!, allí tienes que subir, pero antes tienes que pasar por Pardines. Vamos, que tienes que bajar unos mil metros en siete kilómetros para después subirlos en apenas seis”. ¿Y no hay ningún puente que una éstas dos montañas sin descender a Pardines?, jajaja. Me despido de ellos y con los ánimos arriba después de éste maravilloso recibimiento comienzo a correr por una pista de tierra unos cuantos kilómetros. Correr. A estas alturas no se le puede llamar correr. Deslizo mis piernas lo más rápido que puedo, en un trote cochinero, sin apenas levantar los pies y utilizando de vez en cuando los bastones para descargar los cuádriceps, que en las bajadas son los que más chillan. La verdad es que chillan todos. Oigo chillar hasta músculos que desconocía que estuvieran ahí. El descenso a Pardines se me hace eterno. Por lo menos me distrae el ir saltando salamandras. Hay muchísimas caminando lentamente por la pista forestal.

Me duelen las piernas. Me duele la espalda. Siento frío. La pista hace ya varios kilómetros que se convirtió en duro sendero entre árboles. Por mi mente vuelve a aparecer el temido fantasma del “A”. No. Ni de coña. Aquí no. Apenas quedan 15 km. No. Ni lo sueñes. ¡Largo!. Consigo quitármelo de encima apagando la luz unos instantes y mirando en total oscuridad el firmamento. Impresionante. ¿Dónde están las nubes?. Que pasada de estrellas. Soy afortunado por poder ver esto y estar aquí y ahora. Enciendo de nuevo el frontal y poco a poco empiezo a vislumbrar las luces del pueblo.

Entro al trote en Pardines. Como todo el recorrido, maravillosamente indicado para que no nos perdamos, siguiendo las flechas me hacen llegar directamente al avituallamiento. Troto hasta él e, inmediatamente me ven, comienzan de nuevo los gritos de júbilo y de ánimo. A pesar de ser las 22:30 y el frío reinante me sorprende que haya más de 10 personas animando y esperando a los corredores. Me incitan a comer algo tranquilo, pero sigo con la competitividad en mente. No estoy dispuesto a que me pasen. Y menos ahora. Charlo un breve rato con ellos, como de nuevo plátano, bebo coca cola y me guardo más galletitas saladas para el camino. Mira que me gustan. Me despido dándoles las gracias y salgo en dirección equivocada. Todos al unísono:  –“Por ahí noooooo”. Jajaja, era para ver si estabais atentos.

Salgo al trote por una calle del pueblo que enseguida desemboca en una pista asfaltada en cemento gris, entre árboles y que sorprendentemente, no para de bajar. Dios, no quiero perder más cota, todo lo que siga bajando me va a tocar subirlo. Después de unos minutos más bajando y cruzar un río por un puente, la pista, aún de cemento, comienza a subir. Decido ponerme los cascos del iPod. Ya que lo he traído, que mejor momento que éste, en el que ya no puedo ni con mi alma, para buscar ánimos en la lista “Keep on Running” que he creado para la ocasión. Comienzan a sonar Lead the Way de Carlos Jean, In Between days de The Cure, Buscando el Sol de El Pescao y mis piernas comienzan a subir a buen ritmo por la pista mientras mi mente descansa cantando y mi cadera intenta seguir el ritmo de la música mientras camino. Dicen que el que canta su mal espanta.

Pasados unos kilómetros la pista asfaltada desaparece y se convierte en una de tierra y piedras. Unos kilómetros más ésta también desaparece, así como los árboles, para dar paso a un sendero pegajoso que sube entre prados. O eso es lo que creo ver en la oscuridad. El sendero cada vez está peor. Demasiada inclinación, arcilloso, por lo que la lluvia y ahora la humedad de la noche, no le van bien. Y para colmo de males, las vacas han decidido utilizarlo para bajar esquiando con sus pezuñas, por lo que dar un paso aquí se convierte en un acto de gran dureza. Subes un pié. Resbala por lo húmedo y liso que lo han dejado las vacas. Lo vuelves a subir. Ahora sube con medio kilo de arcilla pegada en la suela. Quiero pensar que es arcilla. Es de noche y de noche todos los gatos son pardos. Subes el otro pié. Misma operación e ídem de cuarto y mitad de arcilla pegada a la suela. Se me hace interminable. Horroroso. No paro de pensar que el Taga sobra a la ruta. ¡Que hagan un puente ya!. ¡Y que no dejen pasar a las vacas!.

Entonces empiezo a vislumbrar en la total oscuridad de los prados cientos de pequeños círculos blancos que reflejan la luz de mi frontal. Todos me miran. Apunte a donde apunte allí están. Observándome. Oigo un cencerro. Dos ojos que me observan se levantan cambiando su posición y emiten un terrible Mugido que desencadena que los cientos de ojos se pongan en pié y mujan sin parar a toda potencia. –“¡Muuuuuuuuuuuuu!, ¡Muuuuuuuu!, ¡Muuuuuuuuuuuu!”. ¡Vale, yo también me he asustado!, ¡Perdón por despertaros familia Vacuna!, ¡pero ya está bien, que escándalo!, ¡No me dejáis oír mi música!. No paraban. Pasaron varios minutos y los mugidos sin cesar.  Por un momento llegué a pensar que las había puesto la organización para alertar a los de Taga que subía un corredor, jeje.

Ya desde el collado a la cumbre, la subida, aunque todavía dura, al no tener arcilla, se me hizo más llevadera. Y antes de llegar a la cumbre del Taga (km.80, 2.038 mt) de nuevo los gritos de ánimo de tres chicas. Tres bellezas. Hay que ser una bella persona para aguantar ahí arriba. Llevaban nariz de payasos, tocando la bocina y animando como nunca podré agradecérselo.

Una de ellas bajó hasta mi posición para acompañarme en los últimos metros de la dura subida y darme cercanía y conversación, lo cual me gustó. Demasiado tiempo solo. –“ ¿Sabes?”, me comentó, -“eres muy afortunado, por ser la primera edición de Els Bastions  y por llegar hasta aquí”. No, le contesté, lo soy por haber estado en una carrera en la que LOS VOLUNTARIOS como vosotras han conseguido que no olvide jamás. Sonrió y me dio las gracias. Sellé mi último Forfait. Me despedí dándole las gracias a las tres por su simpatía y vi que se acercaba una luz rápidamente. Me voy, que no quiero perder el puesto. –“Lo que importa es llegar, olvídate del puesto”. Tienes razón, pero soy así. Me quedan cinco kilómetros y 1.126 mt. de bajada infernal por un prado al principio, sin camino, y después un tramo de pista y otro de sendero machaca-piernas. Intento ir rápido para que no me coja la luz que vi llegar al Taga, pero mi mente no para de repetirme, ¿a quién quieres engañar?, ¡no puedes más!. ¡Cómo que no!. Puedo ésto y más y no paro de exigir a mi cuerpo que continúe corriendo, que mis piernas no paren, a pesar de que me suplican que pare ya.

Miro hacia atrás. Ya baja. Creo que estará a apenas un minuto. Si sigo a éste paso no creo que me coja. Necesito darle más luz al frontal H7 que estreno en ésta carrera. Giro la palanca. Misma intensidad. Vuelvo a girarla. ¡No hay cambio de intensidad y necesito más luz si quiero seguir corriendo!. Se han acabado las pilas. Se ha acabado mi opción de mantener el puesto. Si cambio las pilas implica perder demasiado tiempo. Si no las cambio no puedo correr y en unos instantes me dejarán en total oscuridad, por lo que me va a coger sí o sí. Decido cambiarlas a sabiendas de que me cogerá pero no puedo seguir sin luz.

Qué difícil es cambiar las pilas al tacto, en total oscuridad. En cuanto las pongo veo que el haz de luz del otro corredor está ya encima. Guardo las pilas que he quitado y salgo al trote , sintiendo que la luz la tengo encima. Nada más salir al pista el otro corredor se pone a mi lado y nos preguntamos que tal y nos animamos mutuamente. Le digo que mis piernas están demasiado cargadas y le dejo que me pase.

Va más rápido. Decelero un poco y “Zas”, noto un pinchazo en un lado de la rodilla derecha. ¡No, ahora no!. ¡Estoy a escasos tres kilómetros!. ¡No te rompas ahora!. Me masajeo suavemente la zona con la yema de los dedos e intento correr de nuevo.  No. Imposible. En cuanto troto el mismo chasquido insoportable me hace parar. Miro hacia atrás. No se ven luces. Buena señal. No aceptaría que me pasasen ahora más corredores. Acelero el paso echando todo el peso en el bastón derecho, que además es el que llevo con la muñeca dolorida, por lo que al darme cuenta de mi penoso estado me da la risa. En la bajada del tramo de pista voy muy bien, llevo buen ritmo andando rápido, pero en cuanto la ruta se sale del camino y el sendero va entre bosque, con sus piedras y sus raíces y su extrema inclinación, ahí, no va bien.

Fuerzo posturas imposibles para que no me casque más y decido alejar mi mente del sufrimiento pensando en que lo voy a conseguir. Pienso en todo lo que he vivido hasta ahora. Pienso en como salí corriendo empujado por el bocinazo y la emoción… Puedo ver las luces de Ribes de Freser ya. Pienso en la avispa que me picó suavemente… Parece que el pueblo está cada vez más cerca. Pienso en el maravilloso amanecer… ¿Dónde saldré del pueblo?, seguro que me toca cruzarlo entero. Pienso en los voluntarios con los que breve pero intensamente me he reído… Esas luces que se ven entre los árboles parecen el pabellón deportivo. Pienso en las personas con las que he compartido parte del recorrido… ¡Sí, es el pabellón!. Pienso en éstas maravillosas montañas y doy gracias por estar aquí… ¡Genial, el sendero sale junto el pabellón!.

Nada más salir al camino principal que lleva a la meta se me acerca alguien con un chaleco amarillo. –“ ¿El madrileño?” . Sí soy yo . –“Tu mujer te espera y he decidido ver si ya venías, porque el otro corredor nos ha dicho que ya estabas llegando”. Una persona de la organización me acompaña los últimos metros y mientras charlamos me doy cuenta de que, a pesar de ir reventado y dolorido, aún llevo muy buen ritmo, ya que ésta persona casi no es capaz de hablar sin hacerlo entrecortado. Ya veo a María. Me acerco, la beso y la abrazo. Paso por debajo del arco de meta y no puedo evitar emocionarme de nuevo. Más de 20 horas de carrera, 17º en la Clasificación General y 6º en mi Categoría, Veterano.

De 56 corredores sólo llegamos a meta 26. Sí, soy afortunado. Tenía razón la chica de Taga. Lo soy. Ahora lo veo claro. SOY AFORTUNADO.

Información de la Carrera Els Bastions pincha aquí.     Más fotos mías de la carrera pincha aquí.       Fotos de la Organización pincha aquí.

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5 Comments to “Skyrunning Els Bastions 2011”

  1. Jordi dice:

    IMPRESIONANTE CRÓNICA! El próximo año sí o sí 🙂

  2. icosas dice:

    Muy muy bien contada e interesante.

  3. Nico dice:

    Felicidades, Dtb.

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